Relato del perro herido

Un perrito es atropellado por un auto.

Dos amigos pasan caminando y presencian el accidente. Uno de los dos se acerca a levantar al animal para llevarlo a un veterinario. Cuando intenta sujetarlo, el perrito lo muerde.

El hombre lo suelta y se queja con su amigo:
—Perro desagradecido, lo quiero ayudar y me muerde…
El amigo contesta:
—No te enojes. No te muerde por falta de gratitud, te
muerde porque está herido.
Silvia Salinas – Jorge Bucay, vuelo 1691, destino Buenos Aires,
30 de junio de 2008
Después de un largo día de reposo este cuento ha llegado a mis manos. He querido compartilo junto con mi propia reflexión acerca del mismo…
Hace sólo unas horas, en la oscuridad de la noche pude comprobar en mi misma, las heridas que me llevan al bocado.
Decenas de personas, usando el alcohol como “lubricante social”, y algunas miradas perdidas…
Hay heridas que se detectan en la palabra, esas son las más fáciles de ver.
Otras con la mirada, y hay heridas que aprendemos a esconder tan bien, endulzamos, evitamos y obviamos, en un deseo tan grande de que desaparezcan, que prácticamente no pueden atisbarse, porque son heridas del alma.
Y nos ponemos los disfraces, y nos metemos en nuestros roles, y nos pintamos la sonrisa, y nos repetimos sin parar que la situación es distinta.
Pero, cuando el alcohol se pasa, cuando vuelve la cordura,cuando despertamos del letargo, y nuestra voz interior tiene un minuto para recordarlas a la mañana siguiente…  permanecen ahí.
Y de repente, escuchando la música atronadora, moviendo mi cuerpo a su son, con mi sonrisa pintada, consciente de mis heridas y de mi propia  insistencia en taparlas, me dí cuenta de que no estaba sola.
Y eso no me hizo sentir mejor.
Quiero aprender a remendar mis  brechas, y a curar mis raspones, quiero saber enebrar agujas que cosan corazones. Y tener una maquina mágica en mis manos que me permita enseñar a las almas volar. Dirigir el camino hacia un destino mejor.
Quiero sentir el placer de vivir, y no morder a quien se acerque a tocarme.
Una vez lo logre, haré algo para aprender a enseñarlo. Porque creo que es necesario, porque tantas heridas son las que hacen de este mundo, un mundo desconfiado, en el que el miedo a ser visto, o ser herido,acaba reinando en parte, las noches de fiesta.
Grande aquel que tiene cicatrices, pues ha podido crecer con la vida, y tiene como premio la experiencia. Pobre en cambio, para mí el que lo olvida. El que por evitarlo, lo cubre , lo obvia y luego se queja pues no encuentra salida.
Decidido, Hoy es PRESENTE  en mi vida, aprender a curar las heridas.
Bss. Marta.