Conocer a Marta ha sido uno de los regalos más grandes que la vida me haya hecho.
Tiene muchos dones, el más maravilloso es el de entender a las personas, de empatizar con ellas, de darles lo que necesitan de la forma en la que lo necesitan, a veces sin que ellos se den cuenta de la magia que está empezando a operar en sus vidas gracias a ella.
Es una mujer increíble, llena de energía positiva, llena de amor que regala incondicionalmente, capaz de una generosidad que nunca había encontrado en nadie. Su sonrisa y sus palabras tienen el poder de sacarte adelante cuando estás realmente mal o desmotivada.
Me ha ayudado (y sigue haciéndolo) a lo largo de unos de los procesos de duelo más dolorosos para mi, con su apoyo total, y sin este apoyo y esta ayuda, que me ha proporcionado sin yo tener que pedirle nada, puedo honestamente decir que no sé lo que habría sido de mi. Marta no te juzga nunca, Marta no te critica, Marta te presta su ser para que tú puedas crecer a tu manera, a tu ritmo, dando los pasitos que son necesarios y saludables para ti en ese momento, ayudándote a ver cosas que sin ella se quedarían escondidas.
Es una mujer llena de coraje y ternura, siempre lista para tenderte su mano y alegrarte el día con su forma de ser. Como un rayo de luz te entra dentro y empieza a alumbrar cosas de ti que ni siquiera sabías que existían, saca lo mejor de cada persona, y te anima a que tengas la fuerza de seguir en el camino del autodescubrimiento y de ser tu yo más verdadero. Decir que mi amistad con Marta significa muchísimo para mi es reductivo: que Marta haga parte de mi vida me llena de orgullo y conocerla es una dicha enorme por la que doy las gracias todos los días. Hablar con ella es un privilegio que espero que muchos de vosotros tengáis el placer de tener.